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Latino América está de duelo al perder a un ícono;  Mario Benedetti, escritor, novelista, ensayista  y periodista uruguayo quien falleció en Montevideo el domingo  17 de mayo a los 88 años de edad.

Prolífero escritor miembro de la "Generación de los 45"  junto con Juan Carlos Onetti;  altamente reconocido en el mundo de las letras y activista que se vio obligado al exilio por su posición en contra del Régimen Militar que se implantó en el Uruguay en 1973 y se extendió hasta 1985.

Su producción es vasta y ha sido traducida a más de 20 idiomas.  Refleja la cotidianidad y realidad de nuestros países latinos con un lenguaje coloquial y profundo, rompiendo los esquemas tradicionales conocidos hasta la época. Entres sus obras encontramos ensayos, novelas,  poemas y discografía donde sus composiciones se ven  engalanadas con su voz. 

Su legado a la cultura latina es sin precedentes, escribió más de 80 libros, pero fue su novela la Tregua la que lo catapultó al reconocimiento internacional.   Sus Inventarios I  e Inventario II son recopilaciones de sus poemas y obras que no faltan en las bibliotecas de los hogares latinos junto con Gracias por el Fuego.  Su última producción Testigo de uno Mismo,  fue publicada en agosto del año pasado.   

Galardonado a  nivel mundial con los más altos honores en reconocimiento a su prodigiosa carrera. Fue la  inspiración y referente de doctrinas de izquierda de Latino América, convirtiéndose en un abanderado en contra de la opresión de los pueblos. Muchas de sus composiciones demostraron el dolor que el exilio produjo en él, pero nunca dejó de plasmar amor, esperanza y su compromiso hacia el apoyo en forjar  un sistema justo y equitativo para el pueblo. Amigo y colega de grandes como  Eduardo Galeano, Gabriel García Marques, Jorge Enrique Adoum, José Saramago entre otros.  

El gobierno uruguayo ha decretado duelo nacional por la pérdida de tan ilustre literato.

A continuación dos de sus obras más reconocidas:

Padrenuestro Latinoamericano

Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
como se llega al sur de Río Grande

Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver la uñas
sucias de la miseria

en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo

cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad

sin embargo una vez cada
tanto tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora

pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en puño

claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día

ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos

a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro

poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores

todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta

no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido

ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y el amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.

 

No te salves

 No te quedes inmóvil

al borde del camino

no congeles el júbilo

no quieras con desgana

no te salves ahora

ni nunca

       no te salves

 no te llenes de calma

no reserves del mundo

sólo un rincón tranquilo

no dejes caer los párpados

pesados como juicios  

no te quedes sin labios

no te duermas sin sueño

no te pienses sin sangre

no te juzgues sin tiempo

 pero si

        pese a todo

 no puedes evitarlo

y congelas el júbilo

y quieres con desgana

y te salvas ahora

y te llenas de calma

y reservas del mundo

sólo un rincón tranquilo

y dejas caer los párpados

pesados como juicios

y te secas sin labios

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil

al borde del camino

y te salvas

                         entonces

 

no te quedes conmigo.

Michelle Córdova

San José, California

2009-05-19


 

 

 

 
 


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